19/8/15

Desbordante de poesía

Cuando llega la noche y todos nos volvemos un poco más sensibles, y sacamos nuestro lado tierno y escribo poesía con los dedos en tu espalda desnuda en la penumbra del cuarto, con la tenue luz de la luna.
Y que da igual lo bonita que te veas con ese vestido palabra de honor, con ese recogido de infarto y ese carmín rosa palo.
Más bonita te ves vestida de piel y sudor cuando te despiertas desnuda sobre mi cama, con el pelo despeinado y esa sonrisa somnolienta.
Y que no importa el dinero gastado en la peluquería, ni el tiempo requerido en decidir que ropa ponerte, ni tan siquiera importan los zapatos de quince centímetros que al final llevabas en la mano por la calle.
Que el dinero no importa cuando te tiro del pelo entre gemido y gemido; que ya verás lo rápido que me deshago de tu ropa desgarrándola de un solo tirón; y que tus piernas, largas, muy largas, se ven más bonitas entre lazadas con las mías entre las sábanas.

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