27/8/15

Donativo apasionado

Era una mañana fría y triste, una de esas mañanas de melancolía y resaca.
Un amanecer de esos que vienen después de una buena borrachera, sexo con un desconocido y dos besos incómodos antes de emprender un camino repleto de humillación con el rimel corrido y los tacones en la mano.
Un vagabundo deambulaba desde bien entrada la mañana. Vestía harapos, zapatos roídos y una amplia sonrisa debajo de su barba canosa de varios días.
Era un trotamundos del amor que en hora punta, buscaba esa cara bonita de ojos verdes entre la gente.
Un mendigo de besos y abrazos, de cariño y amor, de sonrisas y miradas.
Un romántico indigente enamorado de los días de lluvia y las calles desiertas; de las chicas sin maquillar y de la primavera en la que florecían los jardines y los jóvenes corazones.
Dormía en el cartón de la esquina en la que le rompieron el corazón; desayunaba a base de recuerdos en el banco de la estación.

Un vagabundo con frío, pidiendo abrazos como abrigo.

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