30/10/15

Mesa para uno

Y vale que a veces se echan en falta unas buenas noches.
Pero otras tantas no, porque es ese momento de despreocupación en el que no te importa quedarte dormida cuando estás cansada después de un largo día y que, es tocar la cama y caer rendida.
No sientes esa presión de tener que estar para alguien, la presión de tener que ser mejor para alguien día a día.
Nadie es tan importante, sólo tú. Y que bien sienta.
Porque para aprender a querer a alguien, te tienes que querer a ti mismo, valorarte y nunca decaer por nadie.
Y vale que da miedo, que asusta y que parece que el estar sola es algo malo, pero no lo es en absoluto. Y que vale que se echan en falta cosas, pero hay otras tantas que no; y que pensar demasiado en esas pequeñas cosas es aquello que nos hace sentir que todo es blanco o negro.
He aprendido a disfrutar de la soledad, de hacerme compañía con un libro y un café por las tardes; y sentirme orgullosa de ser como soy y digna de querer, aunque todavía me quede mucho camino por recorrer.
Y lo bonito que es que un chico te diga ‘bonita’ y no por como te ves, si no por cómo te sientes, por como caminas por la calle con seguridad, con esa sonrisa tímida pero feliz.
Y que ya fueron muchas lágrimas derramadas y muchos llantos contra la almohada.
Y que ahora, sólo quiero disfrutar de lo que tengo sin arrepentirme de nada.






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